Crónica del Curso de Instructor Sensei (Edición Madrid 25)
Joaquín Aguado nos traslada su visión de lo vivido durante la edición de 2025 del Curso de Instructor Sensei de la AEAT. Esperamos que la disfrutéis.
CURSO DE INSTRUCTOR-SENSEI (OCTUBRE 2025)
Joaquín Aguado
El 25 y 26 de Octubre de 2025 y el 17 y 18 de Enero 2026, se celebró el curso de Instructor-Sensei de Aikido impartido por Rafael Regaño Sensei y por Fernndo Gómez en su calidad de médico, en el dojo Tamura de Madrid. Nos fue entregada una completísima documentación para ir releyéndola, poco a poco, y así seguir avanzando por la Vía del Aikido.
Fueron dos fines de semana intensos. sábado completo y domingo por la mañana, en los que nos reunimos 16 practicantes llegados de distintos puntos de España. Entre nosotros,una sola mujer, algo que me llamó la atención.
Desde el primer momento, a pesar de que muchos no nos conociamos personalmente, o como mucho nos habiamos visto "de refilón" en el Congreso Nacional anual, la sensación no fue la de un grupo recién reunido, sino la de personas que comparten algo desde hace mucho tiempo.
El ambiente no fue únicamente distendido; fue, sobre todo, conectado. Había una calidad de presencia difícil de describir, una naturalidad en la relación que hacía que el trabajo fluyera con confianza y sin rigideces.
Rafa es un hombre joven de espiritu, aunque mayor en su corporalidad. Sin embargo, basta con observar como se mueve para comprender que el Aikido no es algo que practica, sino algo que habita en su cuerpo. No hay gestos innecesarios, no hay tensión superflua. Cuando explica, lo hace con una sencillez casi desarmante. Sus palabras son claras, directas, sin adornos. Pero en cuanto comenzamos a practicar, esa sencillez se revela profundamente exigente.
En esa manera de transmitir se percibe claramente la huella del Maestro Itsuo Tsuda: un Aikido despojado de artificio, centrado en la respiración, en la unidad del cuerpo y en la coherencia interna. No se trata de acumular técnicas ni de perfeccionar una forma externa, sino de permitir que el movimiento nazca de un estado justo.
Su foco permanente estuvo en la coherencia del movimiento corporal. Si el brazo inicia una acción, la cadera no puede contradecirla; si la pierna impulsa, el resto del cuerpo debe permitir que ese impulso atraviese sin interrupciones. No se trata de "hacer" técnicas, sino de permitir que el movimiento se organice como una unidad. Y ahí aparecen nuestras fisuras: pequeñas tensiones, anticipaciones, fragmentaciones que pasan desapercibidas... hasta que alguien con la experiencia de Rafa las señala con precisión.

Esa exigencia, lejos de vivirse como dureza, resulta clarificadora. Cada corrección es una oportunidad de ajuste, de toma de conciencia. No hay juicio, solo búsqueda de coherencia.
El primer día ya nos ofreció algunas lecciones inesperadas. Uno de los compañeros llegó convencido de que la formación sería teórica y apareció sin keikogi. Cuando comprobó que aquello era práctica desde el primer minuto, su desconcierto fue evidente. Durante un rato quedó, literalmente, "en vaqueros" frente al tatami, observando con una mezcla de resignación y sorpresa. Sin embargo, poco a poco fue encontrando su lugar. Se integró, participó en lo que pudo, observó con atención y terminó el día plenamente dentro del grupo. Aquella pequeña situación se transformó en una muestra de adaptación y de cómo el grupo acoge sin excluir.
Por mi parte, tampoco empecé el curso con demasiada puntualidad. Llegué con una hora de retraso —las 11:00, cuando todo había comenzado a las 10:00— después de varios contratiempos en la carretera desde Segovia y una búsqueda interminable de aparcamiento en Vallecas. Entrar al dojo en esas condiciones fue ya un ejercicio práctico: dejar atrás la tensión del viaje y colocarse, sin excusas, en el momento presente.
Ese mismo fin de semana tuvo lugar uno de los momentos más distendidos del curso. En una pausa, Rafa comentó que en su vida anterior había sido profesor mercantil y posteriormente economista. Al saber que compartimos formación, declaró públicamente que, siendo "colegas", lo mínimo que podía hacer era otorgarme inmediatamente el segundo Dan. Las risas fueron generales. Yo asumí con responsabilidad el ofrecimiento y pasé el resto del fin de semana recordándole, con la debida insistencia, el ascenso prometido y el jamón que lo acompañaría en el siguiente encuentro. El segundo Dan sigue pendiente, pero el buen humor quedó oficialmente incorporado a la formación.
El eje constante de todo el trabajo fue la no violencia. Rafa insistió una y otra vez en que el Aikido no es un arte de combate, sino un arte de unión. No se trata de imponerse ni de vencer, sino de conectar sin oposición. Incluso en las técnicas más dinámicas, la actitud interior debe permanecer libre de agresividad. Esa coherencia interna es inseparable de la coherencia corporal.
El segundo fin de semana añadió otro elemento inesperado: la nieve. El sábado amaneció Segovia completamente cubierta, con carreteras impracticables y la puerta del garaje bloqueada por la acumulación. Todo indicaba que perdería la mitad del curso y, con ello, la posibilidad de completarlo. Sin embargo, Rafa me ofreció la oportunidad de asistir el domingo por la mañana y, a pesar de la ausencia forzada del sábado, consideró completada mi participación y me entregó el diploma. Más allá del gesto formal, percibí en ello una enseñanza sobre la confianza y la flexibilidad dentro de la exigencia.
Al finalizar la formación, la sensación era clara: no habíamos trabajado únicamente técnicas, sino una forma de estar. La coherencia entre intención y gesto. La unidad del cuerpo. La respiración como fundamento. La ausencia de violencia como principio real y no como consigna.
Fernando Gómez, en su calidad de medico, nos ofreció una excelente lección práctica sobre primeros auxilios, en la que pudimos participar todos, supervisados siempre por él.
Salí del dojo Tamura con gratitud y con la certeza de que la verdadera formación de un instructor no consiste en acumular conocimientos, ni en pensar "que ya sabe Aikido", sino en aceptar revisar una y otra vez la propia práctica, desde los fundamentos más básicos, con humildad, sencillez y rigor.

| < Prev | Próximo > |
|---|


